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También en mayo de 2012, SM publicó Quizás mañana la palabra amor…, de Jordi Sierra i Fabra, una novela juvenil que se adentra en un tema complejo como es el dolor, la culpa, el sufrimiento y el suicidio. Un ejemplo que demuestra que la ficción juvenil puede contar no sólo historias fantásticas o de misterio, sino historias que tratan los aspectos más dolorosos de la vida.

Argumento

Dora ha conseguido salir del pozo en el que cayó un año atrás. El dolor y las cicatrices del pasado siguen allí, viviendo en su memoria, pero ahora es capaz de lidiar con ellas.
Hilario es un joven que cuida al abuelo de Dora, a la espera de la llegada de esa nieta tan guapa de la que siempre habla el anciano.
Dos caminos que se cruzan. Dos vidas que deberán aprender a vivir con el pasado que los marcó para siempre; que deberán lidiar con la culpa, la pena, el dolor, el perdón y el amor. Porque a pesar de las heridas que nos causa la vida, siempre hay un poco de esperanza en alguno de los caminos que nos brinda.

Opinión

¿Cuánto pesa la culpa? ¿Cómo lidiar con ella cuando todo a tu alrededor te la recuerda? ¿Cómo llegar a perdonarte? Y es que el perdón más difícil es el que supone perdonarse a uno mismo. Incluso perdonarse por estar vivo. Eso es algo que Dora e Hilario deberán aprender. Esa es la gran pregunta que lanza Quizás mañana la palabra amor…, de Jordi Sierra i Fabra y que contesta a través de la vida de estos dos jóvenes cuyos caminos se encontrarán a causa de la tragedia.

Uno de los temas más complejos sobre los que escribir, tanto cuando se trata de novela juvenil como de adultos, es el tema del suicidio. Las ganas de dejar de vivir. No es un tema agradable ni que guste a todo el mundo. Tampoco es un tema que se comprenda del todo, ya que a muchos les cuesta imaginar la razón por la que una persona desea dejar de vivir. Sin embargo, Jordi Sierra i Fabra no sólo aborda esta cuestión, sino que lo hace de forma elegante y creíble. Y lo hace además uniendo el desespero y el deseo de no seguir vivo con la culpa, ese sentimiento tan devastador que persigue al ser humano desde hace siglos. ¿Cómo se puede vivir con la culpa de estar vivo cuando tus seres queridos han muerto? ¿Cómo no desear unirse a ellos? ¿Cómo aprender de nuevo a aceptar y disfrutar de la vida sin recordar a cada instante que ellos no podrán hacerlo nunca más?

Hace unos años, el director de cine Alejandro González Iñárritu llevó a la pantalla el guión de Guillermo Arriaga que trataba el tema de la culpa de manera desgarradora. El título de la película era 21 gramos y también se preguntaba sobre el peso de la culpa y la redención. ¿Cómo puedes pedir a otros que te perdonen si no eres capaz de perdonarte? ¿Cómo intentar redimirte llenando el hueco que provocaste en la vida de otra persona? ¿Cómo darle lo que ya no tiene ni podrá tener?

La culpa es un tema peliagudo, pero en Quizás mañana la palabra amor… se muestra de una manera franca y directa. Dos culpas distintas por dos motivos distintos: la culpa de Dora por seguir viva; la culpa de Hilario por un crimen que él no cometió. Pero este libro no sólo habla de la culpa y el dolor – un dolor que se expresa a la perfección al inicio de la novela, cuando Dora se despide de su compañera en el sanatorio y nos explica cómo Elena no quiere que la toquen, sumergida en su dolor y en el miedo al contacto humano, porque si alguien vuelve a tocarla quizás vuelvan a dañarla y no podría soportarlo. En Quizás mañana la palabra amor… encontramos también una muestra de cómo se puede aprender a vivir de nuevo, a amar de nuevo, a sentir de nuevo. Dora se atreve a abrir la puerta de los muros que la han recluido durante un año y enfrentarse de nuevo a la vida real, con todas sus consecuencias.

El autor nos muestra los altibajos de aquellos que deben reemprender la vida dónde la dejaron y comprender que, aunque parezca que han perdido un año de su vida, son capaces de tomar las riendas de sus actos, de sus sueños y sus sentimientos. Dora es un ejemplo construido con mucho acierto: la manera en que sus pensamientos se encadenan, cómo una canción la lleva a ahogo porque le abre todas las heridas, cómo utiliza sus mecanismos de defensa para mantenerse a flote y cómo la vida vuelve a engancharla. Porque la vida engancha.

En el caso de Hilario, poco a poco comprendemos sus razones, sus motivos y su angustia – ese dolor callado que siente al ver a Dora, ese otro dolor todavía más hiriente cuando vuelve a casa y se enfrenta a sus fantasmas – y sobre todo, entendemos que está buscando un perdón que ni siquiera él mismo es capaz de darse. Un perdón que no se atreve a pedir porque duele demasiado reconocer la culpa en voz alta.

Quizás mañana la palabra amor… es una novela breve, pensada para un público juvenil, pero que puede enganchar a cualquier persona que quiera comprender cómo funciona el dolor, cómo se aferra al interior de las personas y cómo cuesta lidiar con él. Dora e Hilario deberán aprender a vivir con sus cicatrices, a entender que son parte de ellos, que son quienes son también gracias a ellas. Y, aunque el final queda algo descafeinado en comparación con la intensidad y la realidad que muestran los primeros capítulos, ese es un camino que el autor consigue transmitir a la perfección. ¿Una historia romántica? Si se desviste a la palabra “romántico” de todos los tópicos, probablemente sí, pues durante toda la novela subyace esa sensación de que el amor es el motor que nos mueve. Pero Quizás mañana la palabra amor… no es sólo una historia de amor; es una historia sobre la vida, sobre las ganas de vivir, a pesar de todo lo que cargamos a nuestras espaldas.

INES MACPHERSON
FUENTE: ANIKA ENTRE LIBROS