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En enero, Ediciones Versátil publicó un thriller peculiar que une en una misma historia arte, periodismo, investigación policial y criminología en un mismo lugar. Se trata de Crímenes exquisitos, de Vicente Garrido y Nieves Abarca. Cada uno de ellos ha aportado a la obra su conocimiento del terreno de la psicología, la criminología, la investigación policial o el periodismo, otorgando a esta obra un matiz de inquietante realidad, ya que nos sumergen en aspectos oscuros y perversos de una sociedad actual que nos toca muy de cerca.

ARGUMENTO

Crímenes exquisitos abre su narración con el peculiar y turbador crimen de Lidia Naveira, una joven gallega que desaparece una mañana de junio mientras hacía footing. Podría ser otro crimen sexual cualquiera, pero en este caso, hay algo que llama la atención de forma espeluznante: el cadáver aparece cubierto de flores, como si se tratara de una macabra performance artística.
La investigadora del crimen, Valentina Negro (una mujer que, al principio de la novela conoceremos por su arriesgada captura del violador conocido como Charlatán), decide buscar la ayuda del criminólogo Javier Sanjuán para comprender el perfil del asesino. Lentmamente irán estirando de un hilo que abarcará terreno peligroso y que los conducirá hacia personajes influyentes que ocultan oscuros secretos.
Lo que ninguno de ellos podría imaginar es que al ahondar en este crimen, se verán envueltos en una investigación que los llevará más allá de La Coruña: hasta Londres, donde parece que hay otro amante del arte dispuesto a mostrar su lado más macabro y enfermizo.

OPINIÓN

Si hay algo sorprendente en los Crímenes exquisitos que nos presentan Garrido y Abarca es su capacidad de saltar de una mente a otra para mostrar al lector todos los puntos de vista. Y cuando digo todos, es todos. No sólo nos dejan deambular por los pasillos de comisaría de la mano de la mente de Valentina Negro para comprender el complejo caso que tienen ante ellos, sino que también nos permiten navegar por la mente del criminólogo Sanjuán y por la de muchos otros personajes que van apareciendo en la trama y que, poco a poco, comprenderemos su papel en todo ello. Sin embargo, si sólo fuera eso, no sería una novela que se diferenciara de muchas otras. Lo que remueve al lector en su asiento es el momento en que el narrador toma la voz del asesino. Y es que este asesino está tan bien perfilado que resulta demasiado real y, navegar por su mente puede llegar a ser incluso incómodo. Algo que demuestra el dominio del lenguaje y la psicología de los autores.

Escrita con un lenguaje trabajado pero nunca rimbombante, Crímenes exquisitos es un compendio de historias que se van entretejiendo de la mano de los distintos personajes para mostrar un cuadro complejo y plagado de pequeños recortes de realidades a la vez cercanas y lejanas. El mundo de las reuniones sadomasoquistas, el placer del poder, el amor al arte, el dolor, el desprecio… son algunos de los trazos que los autores nos dejan ver a través de las páginas de este libro.

Lleno de sorpresas, sub-tramas y descripciones fascinantes en cada una de las visiones que aporta el libro, Crímenes exquisitos es una lectura inquietante, que no deja en absoluto indiferente y que remueve al lector en su asiento hasta el último instante. Hay momentos en que uno cerraría el libro, incapaz de aceptar las palabras que van hilvanando el asesino o el magnate sin escrúpulos, pero está tan bien escrito que uno se traga el escalofrío que siente y sigue leyendo.