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EL MOMENTO EN QUE TODO CAMBIÓ, de Douglas Kennedy (Editorial Planeta)

ARGUMENTO:
Hay momentos en los que nos vemos abocados a tomar una decisión. Momentos en los que elegimos, de entre todas las opciones que la vida nos ofrece, un camino y no otro. Estas decisiones, que nos ocupan a menudo tan sólo unos segundos, determinan en realidad el resto de nuestras vidas. Pueden cambiarlo todo en un abrir y cerrar de ojos.
Y eso no es una excepción en la vida de Thomas Nebbit, un escritor de literatura de viajes que intenta estar siempre en movimiento para huir, tanto de su pasado como de sí mismo.
Thomas Nebbit, un hombre que ronda los cincuenta, con una hija universitaria y un matrimonio que se va a pique, parece tener su vida mínimamente bajo control, o al menos eso intenta, hasta que un día recibe un paquete con el matasellas de Berlín. De repente, todos los recuerdos vuelven. En el remite aparece el nombre de Petra, Petra Dussmann. Meine Petra, piensa él. La mujer que lo cambió todo y marcó su vida para siempre.

OPINION:
Berlín Occidental. Berlín Oriental. Y el Muro, una barrera que dividió una ciudad, una generación y que el mundo entero observaba. Pero, no todos los muros son exteriores. Algunos se construyen alrededor del alma, del corazón para protegerlo. Pero, ¿cuántos muros podemos construir en nuestro interior para contener la memoria? ¿Cuántas veces podemos huir de nuestra propia historia sin que ella nos alcance?

Douglas Kennedy nos ofrece en su nueva obra, El momento en que todo cambió, una extraordinaria historia de amor con el Muro de Berlín como marco, como observador e, incluso, como un personaje más de la historia, el que marca los límites del amor y del miedo. Aunque la historia de Thomas Nebbit se inicia en la actualidad, cuando éste acaba de enterrar a su padre y recibe la noticia de que su mujer quiere el divorcio, un paquete con matasellos de Berlín le hará retroceder hasta 1984, el año en que todo cambió. A través del recuerdo y de las notas que tomó a lo largo de ese viaje, nos adentramos en el pasado de Thomas, descubriendo el momento en que decidió dejar de lado su miedo al amor y sumergirse de pleno en él junto a Petra.

Como en otras de sus novelas, Douglas Kennedy nos muestra, a través de los ojos y de la voz de su personaje principal, una visión profunda de la ciudad de Berlín, todavía separada por el Muro. El Muro: esa presencia imponente e ineludible que rige el funcionamiento a cada lado de la ciudad; esa metáfora de las barreras que cada personaje construye para evitar que sus temores y sus deseos los traicionen. Y es que en esta novela, cada uno de los personajes con los que se cruza Thomas Nebbit se esconde tras un muro que le permite estar en el mundo sin mostrar el miedo, la inseguridad, la necesidad o los secretos que habitan en su interior. Un artista que necesita la ironía y el lenguaje soez para ocultar una sensibilidad y una fragilidad ante el mundo que a veces no le dejan respirar; una joven traductora que parece condenada a sentir miedo a que todo se venga abajo; y un escritor de libros de viaje, Thomas Nebbit, que lleva toda la vida huyendo para evitar que alguien se acerque demasiado.

Escrita con un lenguaje cuidado, limpio y elegante, con un gran trabajo de descripción que permite ver hasta el más mínimo detalle, Douglas Kennedy consigue moverse por el mundo de la observación externa e interna con una soltura impecable. No es casualidad que el protagonista tenga la misma profesión que tuvo una vez el autor, escritor de libros de viaje, ya que eso le permite a Kennedy transmitir una imagen clara y nítida de las dos ciudades y los personajes que encuentra Thomas Nebbit en su camino. Cada vez que entra en un local de Berlín, el lector puede dibujar en su mente, de forma precisa, la luz, el color e incluso el olor que el propio Thomas nota. Mediante las reflexiones del protagonista, tanto a nivel político como a nivel filosófico y vital, Kennedy consigue plantear preguntas tan universales de una forma tan cercana que, si no fuera porque queremos seguir conociendo la historia que se nos expone, haríamos un alto en la lectura para reflexionar nosotros mismos sobre los pensamientos que Thomas comparte con el lector.

En El momento en que todo cambió Douglas Kennedy narra una historia de amor en estado puro; un romance memorable de los que uno normalmente no ve en la vida real – es lo maravilloso de la ficción, que ofrece historias que parecen idealizadas y que sabemos que tan sólo son posibles entre las páginas de un libro. «Es ella», piensa él al verla. Y lo mismo piensa ella. Pero, a pesar de ser el blanco de la flecha del amor a primera vista, ¿cómo cimentar una relación cuando hay tantos muros que flanquear? Thomas sabe de lo que huye, sabe cuál es el muro que ha construido a su alrededor y cree ver en esa mujer la única persona capaz de romperlo pero, ¿cuál es el muro de Petra? ¿Qué ocultan sus ojos tristes? Es lo que tendrá que descubrir Thomas.

Entre las páginas de este libro, entre los entresijos de una historia de amor llena de esperanza, de deseo y de necesidad, Douglas Kennedy plantea un problema que ningún hombre puede eludir eternamente: la necesidad de escoger. El guerrero que entra en un laberinto, a oscuras y sin guía, sabe que en algún momento tendrá que escoger qué camino tomar, qué bifurcación le llevará al tesoro, y es consciente a su vez de que esa decisión puede ser errónea, e incluso mortal. De la misma manera, la vida, de la que el laberinto puede ser perfectamente metáfora, también nos empuja a escoger. Y Thomas y Petra no son una excepción. Y como el guerrero, ellos también son conscientes que, una vez tomada la decisión, deberán aceptar las consecuencias y comprender que ese es el momento en que todo puede cambiar. Y cambia.

El momento en que todo cambió es una novela amena, que absorbe al lector y que le permite adentrarse en un Berlín dividido por un Muro ineludible, de la mano de dos personajes complejos y llenos de matices que se enfrentan a una de las mayores aventuras que puede ocurrirle a un hombre: vivir.

FUENTE: Anika entre libros