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¿Cuántas tragedias puede soportar un ser humano hasta llegar a sus límites y arder en un incendio emocional? Quizás esta sería una de las pregutas que se podría plantear el espectador antes de entrar en el Teatro Romea de Barcelona para ver Incendis, dirigida por Oriol Broggi y basada en la obra de Wajdi Mouawad.

¿Cómo definir esta obra? Es una historia de amor, un amor prohibido y condenado, pero amor al fin y al cabo. También es una historia de viajes, un viaje exterior y uno interior, para descubrir el pasado y la verdad oculta en el silencio. Es también una crítica feroz a la guerra y a los sinsentidos que conlleva el odio entre hermanos, entre vecinos, entre países. Es una huida necesaria ante el horror, pero también un desvelar, capa a capa, lo que se encuentra en las profundidades del alma, incluso lo más desgarrador.

La puesta en escena permite que la acción cobre aún más fuerza sobre esa austeridad sencilla y a la vez impactante. El escenario está cubierto de arena: la arena del desierto, la del tiempo que se acumula sobre los recuerdos, la que hay que retirar para encontrar los pasos de los fantasmas del pasado. Y sobre esa arena transitan distintos tiempos, distintos lugares, distintas historias. Oriol Broggi consigue mostrar un complejo entramado de sueños truncados, de horrores vividos hasta lo más íntimo de las entrañas, de vidas que luchan por sobrevivir. Y lo hace con la ayuda de dos interpretaciones contundentes y devastadoras, de la mano de Clara Segura y Julio Manrique, que representan dos hermanos que deberán descubrir qué se ocultaba tras el silencio de su madre muerta. Lo harán cada uno a su manera – ella, adentrándose en la búsqueda; él, luchando con cada fibra de su cuerpo para aislarse de esa verdad a la que, poco a poco, tendrá que abrirse -, hasta desgranar un horror mayor del que nunca hubiesen podido imaginar.

A veces una tragedia tan densa puede resultar poco creíble, excesiva e incluso provocar cierto rechazo, pero en Incendis hay cierta sobriedad que ayuda a huir de esa sobredosis emocional que puede resultar insoportable y censurable. Quizás unir todos los horrores en uno sea una forma abrumadora de mostrar una realidad, pero a veces, cuando se desgranan esas tragedias, se acaban diluyendo, como si fueran simplemente retazos de diarios, de noticias en la tele que podemos borrar si cambiamos de canal. Aquí no. Aquí vemos a dos personas que no podrán separarse de esos horrores. Que deberán vivir con ellos, porque los llevan en la sangre. No los han buscado, ni siquiera los han vivido, pero están allí. Pueden darles la espalda. Pueden negarlos. Pero seguirán allí. Y eso es algo que, por mucho que se cambie de canal, no se podrá evitar. Nawal Marwan tiene nombre y apellido, al igual que sus hijos, al igual que sus historias.

Incendis es, en definitiva, un gran trabajo teatral, de dirección, de interpretación, de puesta en escena que sabe cómo mover al espectador. Le provocará rechazo; le provocará tristeza; le provocará incredulidad… pero le provocará.

¿Dónde se puede ver? En el Teatro Romea de Barcelona. El programa indica que estará en cartel hasta el 22 de abril.