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Sentada en la butaca del cine, preparada para disfrutar de las 2 horas y 38 minutos que dura la nueva adaptación de Millenium: los hombres que no amaban a las mujeres, a cargo de David Fincher, al ver los créditos iniciales, una ya se queda enganchada al asiento esperando algo extraordinario. Y es que los créditos del inicio podrían ser en sí mismos un videoclip digno de ser nominado, e incluso ganar, algún premio. Con una presentación como esa, llena de oscuridad y figuras que se hacen y se deshacen, es difícil no esperar mucho de esta película. Y lo cierto es que consigue no defraudar.

Sumergiéndose en el frío invierno sueco y en los misterios de la isla habitada por la familia Vanger, Fincher parece recuperar, de la mano de esta compleja y oscura historia ideada por Steig Larsson, aquella capacidad de adentrarse en el mundo del misterio y los asesinos que demostró con películas como Seven o Zodiac. Aunque sus últimas películas no estaban mal, parecía haberse alejado del mundo que tan bien dominaba y ahora, ha vuelto. ¡Y de qué manera! Muchos podrán preguntarse si era necesario hacer una nueva versión del libro de Larsson. ¿Necesario? Es posible que no. Pero cuando uno sale del cine, tiene la sensación de haber visto una nueva densidad, un nuevo matiz de la historia que el autor sueco nos brindó. Fincher sabe mostrar a la perefección la trama del libro y, sobre todo, nos guía de manera magistral a través de la investigación que Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander llevan a cabo.

El montaje de esta nueva versión te mantiene en tensión de una forma que la versión sueca no conseguía. Aunque las comparaciones son odiosas, se podría decir que, tal vez la obra de Niels Arden Oplev supo captar la atmósfera gélida de su país mejor que Fincher, pero también podría decirse que el director americano ha conseguido crear una historia más cercana a todos. El trabajo de los personajes, los primeros planos y el riesgo que asume al mostrar la violencia de esta trama, hace que el espectador se adentre más en la angustia que transmite esta historia. La sensación que uno tiene es que Fincher y su guionista, Steven Zaillian, han conseguido aptar los momentos clave del libro, la información y las escenas más importantes y la han colocado justo en el momento en que era necesario, convirtiendo la cinta en una excelente obra de investigación.

Comentario aparte merece también la actuación de esta nueva Lisbeht. Aunque la anterior Lisbeht, creada magistralmente por Noomi Rapace (a la que ahora podemos ver en la segunda entrega del Sherlock Holmes de Guy Ritchie), era un personaje extraordinario que sabía transmitir a la perfección su complejidad y su oscuridad, esta nueva Lisbeth presenta algo que la anterior carecía: un punto de vulnerabilidad. Cuando uno se enfrentaba al libro, veía en el personaje una chica capaz de hacer cosas terribles, de actuar como si no hubiera nada que le importara, con un pasado que la atormentaba y que la apartaba del mundo; pero precisamente por eso también se la podía imaginar con un punto de necesidad, de inseguridad y de vulnerabilidad que, después, despertaba la bestia que lleva dentro. La fuerza y la violencia que transmitía Noomi Rapace, así como ese punto de “locura” que la hacía diferente a los personajes femeninos a los que uno está acostumbrado, en esta nueva interpretación adquiere matices, profundidad. Aunque podría parecer que eso le quita fuerza al personaje de Lisbeth, Rooney Mara también la reviste de una humanidad que la hace más cercana.

En definitiva, esta nueva adaptación de David Fincher deja con un buen sabor de boca y nos muestra una actriz que promete.

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