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Aunque no se trata de una novedad editorial (en América se publicó en 2003, creo que Grijalbo sacó la edición en castellano en 2005 y Debolsillo en 2006), lo cierto es que La mujer del viajero en el tiempo es una obra que deja disfrutar al lector, mientras la autora lo mece entre esos saltos en el tiempo que da el protagonista.

Audrey Niffenegger, la autora de esta curiosa historia de amor aliñada con toques de ciencia ficción, era una desconocida para mí y lo cierto es que me ha dejado con ganas de volverme a sumergir en su universo y en el entramado mágico que consigue a través de sus personajes. Porque si bien es cierto que podríamos definir la novela como una historia de amor, esa definición se quedaría corta. La fuerza que teje el tiempo en la relación entre Henry y Clare es tal que, a veces, podría decirse que es irreversible. El pasado, el presente y el futuro se mezclan para urdir una red de situaciones que llevará a los dos amantes a quererse más allá del tiempo y a pesar de él.

Durante mucho tiempo, la literatura de ciencia ficción se preguntó si existía la posibilidad de viajar en el tiempo y cuáles serían las consecuencias de dichos viajes. En el caso de Henry, él no es un viajero en el tiempo voluntario. Por genética, salta a través del tiempo, sin querer, sin poder controlar a qué época va ni en qué lugar acabará. Si hay quien pudiera considerar esta capacidad un don, no es Henry. No poder controlar el presente, no poder mantener tan siquiera una conversación porque, de repente, te desvaneces, hace que su vida no sea como la de los demás. Hasta que conoce a Clare. Y el tiempo y la vida encaja por fin.

Sin caer en ningún momento en el melodrama (saber cuál es tu futuro podría llevar precisamente a esa clase de historias y de finales), Niffengger consigue explicar, desde el punto de vista de Henry y de Clare, una historia de amor real, con los problemas reales de una pareja y los que además conlleva tener como pareja a un viajero en el tiempo que desaparece nunca se sabe cuándo, ni por cuánto tiempo. El amor por la vida y por el otro que desprenden los personajes que habitan La mujer del viajero en el tiempo hace que tanto Clare como Henry, e incluso los personajes que los rodean, sean parte de nosotros durante unas horas, unos días…

Con una prosa limpia, en ocasiones poética, en otras directa, Audrey Niffenegger le da una vuelta a la tuerca a las historias de los viajes en el tiempo y a las historias de amor, planteando la cuestión sobre el destino, el libre albedrío…

Ya existe versión cinematográfica, pero, lo cierto es que realmente vale la pena introducirse en el universo de esta obra de la mano de las palabras de la autora, que tan bien ha conseguido plasmar las dudas, las esperanzas, los sueños y los miedos de un hombre condenado a viajar en el tiempo y de una mujer condenada a esperarle que, gracias a los juegos de las agujas del reloj, consiguen coincidir, descubrirse, conocerse y amarse en un presente, como si las Parcas hubiesen dispuesto ese destino desde el primer día en que el viejo Henry descubrió a la niña Clare en el prado… ¿o fue al revés, desde el día en que se descubrieron el uno al otro en el presente?

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