Etiquetas

,

¿Dónde acaba el mar? ¿En el lugar en el que una ola deja su última marca? Pero, ¿qué ola? ¿Y dónde empieza el mar?

El poder del mar es algo fascinante, y así lo demuestra el libro de Alessandro Baricco Océano mar, una obra escrita con una prosa extraordinaria, tanto, que a veces uno no sabe si está leyendo una novela o un poema o un pensamiento que surge de nuestro interior. Plagada de unos personajes muy peculiares, cada uno de ellos buscando una respuesta diferente a orillas del mar, esta novela se adentra en la magia del mar, en su poder, en su misterio, en sus secretos.
Durante mucho tiempo, el mar fue el reino de monstruos y seres marinos con escasa amabilidad hacia los navegantes (actualmente se sigue explotando esa imagen, por ejemplo en películas como Tiburón). Pero también se le otorgaban poderes curativos. Durante siglos, los médicos enviaban a ciertos enfermos, sobre todo a los melancólicos, a los apagados, a curarse junto al mar. El mar daba paz, de la misma manera que despertaba el horror más absoluto, los temores más ancestrales, y la bestia que llevamos dentro.
Baricco sabe aunar esta dualidad del mar en su novela, con la figura de dos espacios diferentes que acabaran uniéndose. Uno de ellos, la posada Almayer, un lugar donde los niños vigilan los sueños, donde los adultos miden los límites del mundo o se pelean con un lienzo en blanco, incapaces de encontrar los ojos del mar. Un lugar en el que ocultarse, en el que salvarse, en el que encotnrarse. Y el otro, el mar. El embravecido océano que todo lo arrastra, que se alimenta de barcos y de náufragos; el mismo que es capaz de truncar un cerebro sano en uno loco. ¿O ya estaba ido ese cerebro y el mar simplemente lo liberó de su cordura?
Hay quien se sumerge en el mar y renace. Hay quien se sumerge en el mar y se atemoriza ante sus sonidos y sus oscuridades. Hay quien busca el horizonte sin descanso. Hay quien lo estudia, quien lo dibuja, quien lo ama y quien lo odia. Pero, normalmente, el océano no deja indiferente. Su belleza abruma, al igual que la prosa de este libro que te mece con la cadencia de las olas y las palabras.
Un lujo de la mano del autor que, al menos a mí, dejó con la boca abierta al escribir unos años después la extraoridnaria Seda.