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Una de cal y otra de arena. Así es como me he sentido esta semana en relación al mundo del cine.

Como seguidora de la saga Harry Potter (debo reconocer que he leído todos los libros y he visto todas las películas), me atreví a entrar en una sala de cine a ver la última entrega de dicha saga: Harry Potter y las reliquias de la muerte (Parte 2). Ya estaba en sobreaviso, pues ya había leído el libro y sabía cuál era el final. Personalmente, fue un final que me decepcionó. Lo mismo ha hecho la película. Pero ya no sólo por el final, sino por todo el montaje. Así como la primera parte aún tenía un hilo conductor y uno se podía adentrar en las dudas y los miedos de los protagonistas, en esta segunda entrega parece que los personajes se hayan hecho planos de golpe. No tienen profundidad, se pasean por los escenarios como quien se pasea por unos grandes almacenes, aunque esos grandes almacenes sean una especie de Milla Verde que los lleva hacia la muerte. Una muerte a la que Harry se enfrenta sin inmutarse: ni con miedo ni con valor. Plano.
Tampoco lo arregla el doblaje (no pude verla en versión original), que hace que Voldemort tenga una voz que parece la unión de Darth Vader y el Padrino a punto de morir porque no respira. Quizás el hecho de no tener nariz no ayuda, pero le quita fuerza al personaje.
Para mi gusto, una mediocre forma de acabar una buena saga.

Pero no todo es decepción en el cine.

He tenido la suerte de entrar en otra sala de cine y encontrarme ante una pequeña joya. Beginners, de Mike Mills. Este director, que hizo su debut en la gran pantalla con Thumbsucker, nos regala en esta nueva cinta una historia llena de ternura, sinceridad y aprendizaje. Basada en una experiencia personal del director, Beginners nos habla de esa sociedad que obliga a las personas a ocultarse, a disfrazarse para no mostrarse como son. Nos habla del miedo al compromiso, a ser uno mismo y a aceptar las consecuencias de serlo. Pero también nos dice que nunca es tarde para empezar.
De la mano de un soberbio Christopher Plummer y un increíble Ewan McGregor, nos adentramos en una relación padre-hijo marcada por la vejez del padre y su salida del armario a los 75 años. Un nuevo comienzo para el padre y un aprendizaje para el hijo, que verá cómo esa energía renovada que llena de vida a su padre se verá amenzada por una enfermedad que no perdona: el cáncer. Una comedia, un drama… una película que para mí no tiene etiquetas. Es simplemente una puerta a un retazo de una gran historia y unos magníficos personajes.
Un apunte a parte se merece Arthur, el perro. Sin él seguramente muchos de los momentos más emotivos y los más divertidos de la película no serían posibles. No sé de dónde han sacado a ese animal, pero es una verdadera maravilla. Nos enseña que sólo con la mirada se pueden decir muchas cosas. Y que en los momentos de soledad, todos sentimos el mismo vacío y la misma necesidad.

Como dice el propio director, Beginners es una historia íntima envuelta en algo mucho más grande.

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