Érase que se era, no hace mucho tiempo, una joven empezó a contar cuentos en la ciudad de Barcelona. Contaba historias propias y ajenas, de grandes nombres y nombres no tan grandes.  Entre las paredes del bar Astrolabi, donde sus cuentos se oyen junto a los poemas de un joven, aunque él diga viejo, Peter Pan. Pero un día decidió navegar en solitario y se perdió entre las Bibliotecas y los Centros Cívicos de la ciudad de Barcelona, y fue pensando que para esas ocasiones no estaría mal encontrar un nombre. Y pensando, pensando, se percató de que si había tendido un puente entre cuentos y poesía y quería volver a encontrarse de nuevo con los cuentos en solitario, lo que iba a hacer era precisamente lo que le podría dar un nombre: si iba a encontrarse con los cuentos… qué mejor nombre podía buscar que Encuentos y desencuentos.

Bienvenidos a esta nueva propuesta donde la voz da vida a las historias que se guardan sobre el papel y las manos y los gestos dan forma a cada uno de los personajes y rincones por los que esa narración circula.

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